Mostar
El Puente Viejo (Stari Most), reconstruido tras la guerra, es el símbolo de la reconciliación. Casco antiguo otomano, bazar de artesanos, clavadistas que saltan desde 24 metros y el río Neretva color esmeralda.
Bosnia y Herzegovina es donde Oriente y Occidente se encuentran. El icónico Puente Viejo de Mostar, los minaretes y campanarios de Sarajevo, los monasterios ocultos y las cascadas de Kravice crean un viaje único que combina historia, emoción y belleza natural.
El Puente Viejo (Stari Most), reconstruido tras la guerra, es el símbolo de la reconciliación. Casco antiguo otomano, bazar de artesanos, clavadistas que saltan desde 24 metros y el río Neretva color esmeralda.
La Jerusalén de Europa. Mezquitas, sinagogas, iglesias ortodoxas y católicas conviven en pocas manzanas. La Baščaršija otomana, el Túnel de la Esperanza y la historia reciente de la guerra crean una visita intensa e inolvidable.
Počitelj es una fortaleza medieval escalonada sobre el río Neretva. A pocos kilómetros, Blagaj alberga un monasterio derviš junto a una cueva de donde nace un río. Dos joyas ocultas imprescindibles.
Bosnia es el país más auténtico de los Balcanes. Sin el turismo masivo de Croacia, ofrece una experiencia genuina: bazares otomanos vivos, hospitalidad legendaria, café bosnio servido con ritual, cocina contundente de influencia turca y paisajes de montañas, ríos y cascadas que pocos conocen.
La guerra de Bosnia (1992-1995) dejó cicatrices visibles que hoy son parte del relato del país. El Túnel de la Esperanza en Sarajevo, el Puente Viejo reconstruido de Mostar, los cementerios blancos y los edificios con impactos de bala cuentan una historia de resistencia, pérdida y reconstrucción que emociona a todo visitante.
La cocina bosnia es generosa y sabrosa. Los ćevapi de Sarajevo (salchichas a la parrilla en pan somun), el burek (empanada de carne o queso), la dolma (hojas de parra rellenas), el bosanski lonac (guiso nacional) y el café bosnio preparado en džezva son experiencias gastronómicas únicas.
A 40 km de Mostar, las cascadas de Kravice son un anfiteatro natural de 25 metros de altura donde puedes bañarte en verano. Un oasis verde y turquesa que rivaliza con Plitvice pero sin las multitudes. Visita obligada en cualquier ruta por Bosnia.
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